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La Coctelera

Mi vida en verde

Ruerep

22 Diciembre 2005

A quirófano en 15 minutos.

Hace poco más de dos meses que me estrené como mamá. Mateo nació a mediados de octubre por cesárea, después de habernos preparado para un parto psicoprofiláctico. El día de hoy me siento lista para decir, sin compromiso forzado por las presiones externas, que lo verdaderamente importante es que ambos estemos físicamente íntegros.
Ya pasó, pero los primeros momentos fueron muy dolorosos para mí. Se preguntarán por qué, e incluso algunos pensarán que da igual, que mientras él esté aquí, con nosotros, basta y sobra. Y lo curioso es que ahora estoy de acuerdo con ello, pero no fue un proceso sencillo y a continuación explicaré mis razones.
Estando embarazada imaginé y visualicé el nacimiento de Mateo como una experiencia tan intensa y maravillosa, que me mantendría viva y fuerte, a pesar de los dolores que pudiera llegar a sentir. Me imaginaba más mujer, más en mi cuerpo.
Fui con mi esposo a un curso psicoprofiláctico, nos informamos sobre cada pequeño detalle del trabajo de parto y soñamos que lo lograríamos, que podríamos compartir cada segundo de dolor y júbilo. Deseamos tantas cosas... miradas, caricias, masajes, llamadas telefónicas, acelere automovilístico, la ruptura de la fuente (por supuesto), respiraciones y hasta pujidos.
No hubo nada de eso. Llegué a la semana 41 sin mayor signo de trabajo de parto que varias contracciones totalmente indoloras y más o menos constantes. Seguimos toooooooodas las indicaciones del médico para favorecer el trabajo de parto, pero nada. Caminé, con mi inmensa barriga, como nunca. El día anterior al internamiento nos aventamos 7 kilómetros, y nada.
La hora límite llegó y así, sin más, el médico dijo: "En 15 minutos entras a quirófano". Fum! Qué pasó? Mis contracciones eran muy buenas, pero no suficientes. Nada de dilatación y al quirófano. En ese instante alejaron a Darío de mí, para no verlo más que en un estrecho pasillo de camino a la sala de operaciones, hasta después de haber dado a luz.
Todo eso hubiera sido lo de menos, incluso la rajada en la barriga, con todo lo que ello implicó. En realidad lo que ensombreció el día más maravilloso de mi vida, fue que me durmieron, nunca entendí por qué, nadie me avisó que lo harían. Al parecer, por los nervios y la ausencia de Darío, me temblaban involuntariamente las piernas. Bueno, ésa es la explicación que me doy.
A lo mejor, si hubieran esperado un poco a que él acariciara mi mano y me dijera con su mirada que todo iba a estar bien, hubiera tenido el inmenso placer de escuchar el primer grito de vida de Mateo, mi hijo. No tuve eso, pero sí una borrachera rarísima que me hizo no recordar prácticamente nada de aquel día. Sólo sé que cuando abrí los ojos, una voz desconocida me dijo: "Tuviste un niño chinito y güerito"... pero dónde está?... ya se lo llevaron. Tampoco pude darle un besito de bienvenida, ni susurrarle al oído cuánto había esperado su llegada.
Hoy, aún con las lagrimillas que se me acaban de escapar, me siento plenamente feliz, pues ese pequeñín está junto a mí y lo amo como a nadie, lo lleno de besos y le digo a cada minuto cuánto lo amo. Y no sólo eso, durante aquellos días se fortaleció el amor que Darío y yo nos tenemos. Me cuidó como nunca nadie lo había hecho. Me amó, en toda la extensión de la palabra. Y yo, en mi vulnerabilidad, sentí el agradecimiento más profundo que jamás imaginé.

Darío: Gracias infintas.

Mateo: Bienvenido a mis brazos.

servido por andela 7 comentarios compártelo

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Veli

Veli dijo

Agua pasada no mueve molino: ahora, hacia el futuro con optimismo renovado cada día... seguro que estas fiestas van a ser inolvidables.
Saludos navideños ;-)

22 Diciembre 2005 | 08:31 AM

manuel

manuel dijo

enhorabuena por tu hijo

22 Diciembre 2005 | 12:42 PM

andela

andela dijo

Muchas gracias y felices fiestas a ambos. :)

22 Diciembre 2005 | 08:07 PM

Darío

Darío dijo

Andelita,
tú sabes que estoy 100% sincronizado contigo y que entiendo tu dolor. Hace ya unas buenas semanas que dejé de recriminarme por no haber sido más enérgico en mi insistencia por estar contigo. Quizás no habría servido de nada. Así que sólo puedo decirte que gracias por escribir esto, gracias por tenerme tanto en tu mente, gracias por ser una mamá espectacular y entregada como ninguna.
Sólo te faltó decir una cosa: tú no le diste un besito de bienvenida a Mateo, pero él sí. Fue asombroso, ahora que lo pienso. El mensaje de tu hijito fue: "no importa que estés dormida, mamá, te quiero mucho, ya tendremos tiempo de estar contigo".

23 Diciembre 2005 | 05:09 AM

Darío

Darío dijo

Otra vez yo.
Me quedé pensando en tu artículo. La parte central es el párrafo donde dices que te durmieron. Y sí, a la larga fue lo que más secuelas tuvo, muchas más que la herida de la operación, o que la frustración de no haber podido pujado a tu hijo al mundo exterior.
Fueron las circunstancias. Todo se juntó para que el resultado final fuera que un doctor que prácticamente no te conocía tomara una decisión rápida y fácil para él, sin pensar en lo importante que podía ser para ti (justificadamente) el no estar despierta en ese momento -porque de que asististe, asististe, con todo tu cuerpo, si no, no nace Mateini-. Otra circunstancia fue que tenían cuatro cirugías al mismo tiempo, y en el hospital tan chiquito eso generó aún más confusión (por cierto, lo que no sé es por qué no esperaron cuatro, cinco horas, para dedicarte todo el tiempo necesario. Cosas que jamás sabremos).
Muchas cosas más se juntaron para que el resultado final fuera el que tú ya conoces. Si jugáramos a los "hubieras", podríamos decir: hubiera mejor ido a un hospital grande, me hubiera quedado con mi ginecólogo de antes, hubiera sido más enérgico, hubiera estado más tranquila, me hubiera mentalizado más para la cesárea, etc, etc. Pero es un juego cruel y sin provecho, sólo sirve en todo caso para saber qué hacer la próxima vez -y seguramente las circunstancias esa próxima vez serán totalmente diferentes a esta- y hace más daño que lo que compone.
Pero no dejo de pensar que muchísimas más cosas se juntaron para que tuviéramos este hijito tan maravilloso. Todo el esfuerzo que hiciste durante tu embarazo, por ejemplo. Todas las risas, las carcajadas, las caricias a la panza, la música que le pusiste, el tiempo que dedicamos a pensar en él, la preparación que tomamos en el curso, la actividad física, el descanso, el amor con el que esperaste este hijo,.. Todo se juntó y el resultado es Mateo, ese bebito que hoy ya es todo un mundo, y eso que todavía no habla ni camina ni da caricias con voluntad propia. Nuestro Mateíto es un ser completísimo, lleno de vida, y con una personalidad muy característica. Todo esto se lo debe a ti, a mí, y a un número de circunstancias afortunadas (por ejemplo, que no haya sacado mi nariz :-).
De modo que mi conclusión podría ser esa: hubo cosas malas, pero hubo cosas buenas, y en mayor cantidad. Eso por supuesto no borra el dolor ni elimina el pasado. Definitivamente no. Pero es un pañuelo excelente para encontrar consuelo mientras lloras y sacas la tristeza que todavía vaya quedando por todo lo que pasó.
Gracias por tu artículo. Hay que atesorarlo.

23 Diciembre 2005 | 01:25 PM

Javier

Javier dijo

Querida Andrea, yo creo que ante el milagro de la vida, nosotros solo somos espectadores y en el mejor de los casos se nos permite participar, unos de manera mas intensa que otros, unos con resultados favorables y otros desfavorables o hasta trágicos. El valor que le damos a ese hecho(el nacimiento de un hijo) es precisamente el poner todo aquello que está en nuestras manos para que se logren las condiciones ideales.En nuestro caso el vivir tan... tan... intensainvolucradaamorosaexcepcionalinformada y preparadamente nuestros embarazos creo yo que no es suficiente; efectivamente no es suficiente porque también el bebé que va a nacer tiene un plan de alumbramiento :-) (por asi decirlo)y forma parte activa dentro de lo que la naturaleza tiene preparado.Espero poder más adelante compartir mi experiencia con ustedes (en un post)Tu artículo es muy muy bello y no pude evitar sentir un nudo en la garganta, como bien dice Darío hay que atesorarlo porque muestra la gran madre que eres y el corazón tan grande que compartes con Darío y Mateito.

Gracias

11 Enero 2006 | 05:11 AM

Náhuatl Vargas

Náhuatl Vargas dijo

Hola:
No te conozco pero leí casi todo tu blog, llegué de una manera curiosa, estaba buscando definiciones de la palabra psicoprofiláctico, y apareció tu página, sin el formato que tiene, sólo el texto, y empezé a leer lo de los cinco puntos y así me seguí hasta esta nota, derramé lágrimas en esta y también en la de dar pecho. La cosa es que yo estaba escribiendo acerca de la ezperiencia piscoprofiláctica para posterlo en el blog acerca de mi hijo, que nació hace un poquito de un mes, (te invito a visitar el blog http://chilpayate.blogspot.com), y, aunque mi caso si fue parto natural, puedo decirte que no terminé de estar satisfecha conmigo misma acerca de mi desempeño durante el trabajo de parto, quizá de parece tonto, pero siento que fallé en muchas cosas, al final creo que lo que nos hace daño son todas estas ideas preconcebidas donde no cabe otra cosa más que eso, es natural, uno espera que sea de mucha plenitud la cosa, pero siempre te sorprende, y bueno, nada, me gustaría intercambiar ideas, o sea conocerte más si quieres, de momento te dejo la invitación a mi blog y ahí luego me dices.
Ante todo muchas felicidades por tu hijito y por tu manera de escribir.

18 Agosto 2006 | 11:13 AM

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Yo soy yo, tú eres tú... ¿quién es el más tonto de los dos? Nunca sé qué contestar. Soy una rana, alegre y saltarina. Sociable y solitaria. Sensible y simple, muuuuy simple. Madre de un risueño renacuajo recién llegado a este mundo.

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